18 de marzo de 2012

Bitácora de domingo I

Día de sol. Soledad. Incluso más que ayer. Invierno. Infierno. Domingo, febrero 19. Hay sol, montaña perturbada por la luz. Neblina flotando sobre el follaje. Cielo recortado de forma irregular por las tijeras del horizonte. Chimeneas superpuestas. Apagadas. Agoniza el hielo en los tejados. Está a punto de desaparecer. Pasará a otra vida. Vida líquida. Goteará sin remedio hasta el suelo. Gravedad. Mojará la calle, pero ese rastro de humedad también morirá. Destino de todas las cosas. El sol debe calentar. Su lucha contra el frío todavía es titánica en esta época del año. Frío. Nubes intentando borrar el cielo. Cielo brillante. Azul. Faltaría más. Veleta en la terraza. Se mueve. Conclusión simple: hay viento. Ligerísimo. De puntillas pasa. Dolor. Corriente de aire que marca las horas en el reloj-veleta con rapidez. Pausa violenta. ¿Qué ha hecho al viento detenerse? ¿Por qué en ese punto exacto? Se ha quedado suspendido en un espacio sin límites, temeroso de seguir. Cansado. Arritmia del viento. Arritmia del tiempo. Arritmia de las horas que pasan. Sobre el aire pasan. Cabriolean. De puntas pasan, ataviadas con delicados tutús.

1 comentario:

Pedro J. Sabalete dijo...

Procuro como puedo, con escaso éxito, escapar de las nostalgias del invierno. No encuentro remedio, con los años soy más permeable a todo. Precioso y sentido texto.