19 de febrero de 2007

Vete a buscar una historia


Vete a buscar una historia, tú que dices que hace tiempo las historias no te tocan. Vete a buscarla atrás de los lienzos, detrás de las personas. Las historias flotan sueltas en la magnitud de la memoria. Eleva ese recuerdo, transfórmalo, dale luces, componle una sonata, entrégale tus dedos, tu gracia. Vuélcate sobre sus demonios, engaña a los arcángeles que lo custodian; descubre al personaje, al hombrecillo que se duerme en el cojín de una palabra, a la mujer que se torna transparente por no ser evocada.

Vete a buscar una historia en los escondrijos de tu casa. No mires al otro lado de las puertas, hurga en ellas, que sus pomos han sido estrangulados por muchas manos inocentes y culpables; que los nudillos han repujado sonidos sobre su madera, que el castaño que las engendró, es abuelo de otros tantos que bostezan en el bosque, añorando la nariz filosa de las brujas y la lívida presencia de las hadas.

Vete a buscar una historia, no debajo de la cama, sino sobre las sábanas. ¿Acaso los cuerpos que envolvían anoche están absueltos de fracasos y de glorias? Vete a buscar una historia, no en la utilidad de los objetos, sino en su propia consistencia. Rodéalos con tus manos y siente el átomo que se revuelca en el misterio, la partícula que no ves, la molécula que danza con movimientos regulares sobre las superficies acuosas. Vete a buscar una historia en el jardín. No te limites a las rosas, fíjate en el polen, en los arbustos de maleza, en el indigente bichito que se arrastra clamando caridad a un poeta que lo ignora.

No quieras ser brujo ni adivino. No compongas un futuro de lo que podría ser: tienes el arcón lleno de días fenecidos. Vete a buscar una historia en la imagen que pende del cordón de un recuerdo. Ve y remuévela, no en los mares ni en los barcos de piratas, sino en el ovillo de una caracola, en el olor a salitre que se quedó impregnado en tu nariz de niño, en la mano cercenada, en el ojo bizco, en la pierna corta, en el guante roto, en el cenicero limpio, en el bicolor del ajedrez, en la risa de un payaso antiguo, en la voz del gato, en un cuchillo filo…

Anda de prisa y a la vez despacio: vete a buscar una historia y no camines lejos, que el prólogo ya lo tienes en tu boca y el héroe desde hace siglos comparte sitio con tu sombra.